lunes, 5 de octubre de 2009

Los espejos psíquicos - Otra Leyenda de cuentos y fantasmas con final modificado, desde el Colegio de Bachilleres 6

La parte en cursivas es el final cambiado, pueden consultar la versión original en Leyendas de cuentos y fantasmas

Uno de los lugares que más fama tienen de estar habitados por fantasmas es el gran hotel de la ciudad de México, que esta en el zócalo, frente al palacio Nacional. Es un hotel grande, elegante, con muchas habitaciones y corredores largos y misterioso, que ocupa un edificio muy viejo y majestuoso.

En general, los fenómenos fantasmagóricos de los que habla la gente se refieren a apariciones ocasionales o manifestaciones audibles de personas que ya murieron. Mucho mas raros, aunque también existen, son los fantasmas de animales, de objetos o de espacios síquicos. Y todavía menos comunes son los pasos de objetos que, sin ser fantasmales, tienen una relación cercana con la actividad psíquica de los desencarnados.

Se dice que en algunos de las habitaciones de este elegante hotel hay un espejo que tiene el poder de reflejar a los fantasmas. Es un espejo grande, de cristal antiguo y algo opaco, como si el velo del tiempo se hubiese materializado en el. Y dicen que cuando uno se acerca no ve solo su rostro, si no también otros rostros: mascaras gesticulantes tristes o coléricas, agobiadas, temerosas…. Son los fantasmas que rondan el hotel

En aquel magnifico y gran espejo, se hacía notar la presencia del demonio Jeambleth, la esquizofrénica Viridiana, el drogadicto Fernando, Carla la psicópata y Paul el físico culturista, por mencionar algunos espectros. Al rondar el lugar te llega una espectacular descarga de adrenalina: en tu corazón sientes que eres una de las visiones, y tienes una extenuante mente desesperada visión desesperada de tus allegados difuntos, que sin ninguna censura te cuentan que se encuentran muertos, pierdes la conciencia real de lo real, esperas que te asesinen pero no lo hacen, te desesperas pero no puedes moverte ¡por lo único que ruegas es no rogar perecer seria lo mejor estás en esa casa y aun no te das cuenta que estas dentro del mundo maldito del espejo!

Jean Paul Morales Sanchez, Colegio de Bachilleres 6

DIBUJOS E HISTORIA SURREALISTAS: UN CUENTO DESDE EL CETIS 55

Despertaba en la ciudad de noche; todo sonaba tan silencioso, nadie, sólo el respiro de mi nariz y el palpitar de mi corazón. Traté de buscar a alguien pero no lo hallé, sólo encontré el arma mas hermosa que en mi vida había visto: una escopeta a un lado brillaba a la luz de la luna.
De pronto algo más me llamó la atención: una persona parada. Yo le llamaba pero sólo recibía silencio. Seguí insistiendo, pero nada. Al poco rato me acerqué y lo que vi me congeló. Mi respiración se aceleró a mil por hora: era un zombi siguiéndome, lo tenia tan cerca que sentía que no iba a salir de ahí. Súbitamente recordé aquella belleza, de un estirón alcancé el arma y de un solo disparo derribé al zombi.
La sensación en mis manos, mi cuerpo y mi alma era asombrosa, no podía creer lo que había hecho, la adrenalina estaba hasta el máximo después de encontrarme con una manada de personas hambrientas de carne y sangre.
Luis Alberto Cruz Rojas

viernes, 2 de octubre de 2009

Del Colegio de Bachilleres 6: LA ESTRELLA PORNO - Una leyenda de muertos y fantasmas con final modificado

La parte del cuento que fue modificada aparece en cursivas. Pueden ver la versión original en Leyendas de cuentos y fantasmas.

A Liza no le daba ninguna pena la idea de quitarse la ropa.

Lo que sí le daba, desde que aceptó posar para Fernando, era mucha excitación, tanta que llegó a preguntarse si no se vería su humedad en las fotos. La tenía encantada la perspectiva de posar para él, sentirse bella, pesar que su cara y su cuerpo podían ser objeto de una valoración artística, como una obra de arquitectónica o una partitura musical. Era una muchacha educada, culta, no una encueratriz de cabaret. Si aceptó la proposición del fotógrafo no fue por necesidad de supervivencia; fue en primer lugar por vanidad y, en segundo, por espíritu de transgresión.

Como sus padres murieron en un accidente cuando ella era pequeña, Liza había crecido bajo el cuidado de sus abuelos, en una casa de la colonia San Rafael que tenía habitaciones altas y espaciosas, un sótano con ventanas a la calle a través de la cuales sólo se veían pies, un jardín interior lleno de plantas como una selva, y altos y umbrosos corredores con columnas grises. Todo estaba siempre en penumbra, como si la luz directa del día hubiese sido proscrita.

Los abuelos de Liza eran personas poco excéntricas tal vez, pero de buen corazón.

A pesar de la opresión de sus abuelos, Liza llevaba una vida oculta, una vida llena de atareados e inimaginables caminos, ya que no solo acudía a las clandestinas sesiones de fotos con Fernando sino que empezaba a realizar contratos con la misma empresa para la que él trabajaba y por los motivos antes mencionados que parecían enriquecerse y reforzarse con cada nueva sesión de fotos se adentraba más en ese nuevo mundo lleno de aventuras y premisas que parecían nunca tener una conclusión productiva.

Tiempo después ningún mortal común que observase a Liza podría imaginarla en los brazos de aquel experimentado hombre, y aunque nadie los imaginaba no nos corresponde a nosotros observadores anónimos de dicha historia decidir la vida de nuestros personajes sino del autor de la historia, que a su vez son Fernando y Liza así que observemos que a pesar de todo sí podemos mirar a Liza en aquellos brazos, copiosa de éxtasis se perdía, se fundía y se acoplaba tras placeres.

Pero como he dicho no depende de nosotros escoger que Fernando ame a Liza si no que fue menester de la misma historia que Liza se diera cuenta del falso amor de Fernando y estando en el rol oculto, tomó el último aliento de él entre sus manos que finalmente terminaron siendo sofocantes en vez de pasionales.

Itzel Viridiana Martínez Blancarte

miércoles, 30 de septiembre de 2009

De Eduardo Galeano en La Jornada, 30 de septiembre de 2009

P

ara expresar mi gratitud a esta alegría inmensa que me han regalado no encuentro mejor manera que contar tres historias. No son inventadas por mí, sino que son por mí vividas.

La primera es sobre mi aprendizaje. Yo no tuve la suerte de conocer a Sherezade. No aprendí el arte de narrar en los palacios de Bagdad. Mis universidades fueron los viejos cafés de Montevideo. Los cuentacuentos anónimos me enseñaron. En la poca enseñanza formal que tuve –porque no pasé de primero de Liceo– fui un pésimo estudiante de historia. Y en los cafés descubrí que el pasado era presente. Y que la memoria podía ser contada de tal manera que dejara de ser eterna para convertirse en ahora.

No recuerdo la cara ni el nombre de mi primer profesor. Pero él contó una historia de 1904 –por la edad se veía que él no había nacido en aquel entonces–, pero la contaba como si hubiera estado ahí. Fue mi primera lección: el arte es una mentira que dice la verdad. Y escuchando aprendí que se puede contar lo que pasó de tal manera que vuelva a ocurrir cuando uno lo cuenta. Que pueda uno escuchar ese remoto trueno de los cascos de los caballos. Y que pueda uno ver las huellas de arena aunque el suelo sea de baldosa o de madera.

Y aquel hombre para decir la verdad mintió que él había recorrido las praderas ensangrentadas después de la batalla y había visto los muertos. Y uno de los muertos dijo –era un ángel, un muchacho bellísimo con la hincha blanca, roja de sangre–: Por la patria y por ella más.

Un segundo relato sobre mi primer desafío en el arte de narrar. En un pueblo boliviano, un día de laguna –Laguna devoraba a sus hijos metidos en los socavones de las tripas del estaño–, los mineros perseguían las betas de estaño y en esa cacería perdían en pocos años los pulmones y la vida. Yo había pasado un tiempo ahí, me había hecho algunos amigos y había llegado la hora de departir. Estuvimos toda la noche leyendo, los mineros y yo, cantando y contando chistes, a cual más malo. Cuando ya estábamos cerca del amanecer, cuando poco faltaba para que el chillido de la sirena los llamara al trabajo, mis amigos callaron todos a la vez y alguno preguntó, pidió, mandó: Y ahora hermanito, dinos cómo es la mar. Yo me quedé mudo, pero insistían, cuéntanos, cuéntanos cómo es la mar. Ninguno de ellos iba a verla nunca. Todos iban a morir temprano. Y yo no tenía más remedio que traerles la mar. La mar estaba lejísimos y yo tenía que encontrar palabras que fueran capaces de mojarlos.

Y la tercera historia sobre los extraños viajes de las palabras. Hace pocos meses, ante los estudiantes mexicanos leí algunos relatos. Uno de ellos, de mi libro Bocas del tiempo, contaba que el poeta español Federico García Lorca había sido fusilado y prohibido durante la larga dictadura de Franco. Y que un grupo de teatreros del Uruguay había estrenado una obra suya en un teatro de Madrid, al cabo de tantos años de obligado silencio. Y al fin de la obra esos teatreros no habían recibido los aplausos esperados; el público español había aplaudido con los pies pateando el piso. Y ellos se habían quedado estupefactos. No entendían nada. Tan mal habían actuado –pensaban–. Cuando me lo contaron pensé que quizás el trueno sobre la tierra había sido para el autor fusilado por rojo, por marica, por raro… Una manera de decirle: Para que sepas Federico lo vivo que estás. Y cuando lo conté en la Universidad de México me ocurrió lo que nunca me había ocurrido en las otras ocasiones en que había contado esa historia. Los estudiantes aplaudieron con los pies. Miles de pies pateando el piso con alma y vida. Y así continuaron mi relato y continuaron lo que mi relato contaba como si eso estuviera ocurriendo en un teatro de Madrid unos cuantos años antes. Ese segundo trueno sobre la tierra estaba también dirigido al poeta fusilado y era también una manera de decirle: Para que sepas, Federico, lo vivo que estás.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

EL MÚSICO REGGAETONISTA - CUENTO CORTO DESDE EL CETIS 54

Había una vez un músico que tenia un piano, pero este piano no quería sacar buena música. Este músico era muy joven y desde pequeño siempre quiso tocar en el Palacio de Bellas Artes, entonces se dedicó en cuerpo y alma a tocar y empezó a ser músico de reggaetón, era algo único porque nadie había hecho música de piano con reggaetón y fue muy famoso.

LA GRAN PIEDRA BORRACHA - OTRO CUENTO CORTO DESDE EL CETIS 54

Eran dos amigos que viajaban juntos por el mundo en busca de la piedra filosofal, que les permitiría la entrada a la vida eterna. Entonces encontraron un hoyo donde entraron y jugaron futbol rápido muy felices y contentos, después cuando encontraron la piedra se dieron cuenta de que era una gran cerveza y se emborracharon mucho.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Leyendas de muertos y fantasmas - CETIS 57

Leyendas de muertos y fantasmas

Este libro es muy interesante ya que te cuenta leyendas de diferentes lugares del mundo sobre fantasmas y muertos.

Este libro te hace conocer y dejar de ser incrédulo hacia lo que la mayoría cree inexistente, pero sin darnos cuenta estamos rodeados de hechos sobrenaturales y creer en fantasmas sería la única lógica.

Este texto lo recomiendo ya que no se parece a otros y cambia tu ideología sobre los textos y te demuestra que leer no es aburrido si lees algo que te guste.

El libro es breve y en cada página que lees te adentras en la historia, lo curioso es que te hace recodar sucesos en tu vida que te hacen pensar que fueron causados por un fantasma.

En fin es un muy buen texto, te lo recomiendo porque te sirve para conocer historias antiguas o incluso imaginar lugares, y no ser un incrédulo y aunque suene tonto hay cosas que suceden y no tienen respuesta y la única respuesta seria lo paranormal.

El texto que más me gusto e incluso me pareció gracioso fue el de la Dama Negra. Varias personas querían conocer a esa bella mujer y tomarse una fotografía con ella, pero no lo conseguían porque ellos realmente querían encontrarla. El secreto era no pensar en ella porque ella acudiría sola.

Otro relato que también me gusto fue el de la quinceañera que murió días antes de su fiesta pero ella llego a su fiesta a bailar su vals.

Jazmín Tania Reyes Guzmán

CETIS 57